Deslizó sus dedos por el cigarro con una delicadeza inusual, cogió el encendedor y se lo prendió con gracia.Mientras unos ojos conocidos miraban tan cotidiana acción con una admiracion sorprendente.Aquella furtiva mirada acechaba al fumador nocturno, observando como expulsaba el humo, acaricíandole los labios.Cada noche la misma situación se repetía y seguiría siendo así si ambos individuos hubiesen permanecido juntos.Ahora tendré que imaginarte cada noche dándole largas caladas a un cigarrillo que se desvanece en tu boca, esa boca que estaría besando siempre.
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