sábado, 20 de abril de 2013

Camino a la perdición

Y me pregunto todos los jodidos días que me ha pasado, en qué me he convertido.
Cada puñetero día cargando con el mismo peso, bueno no, con  el mismo no, con uno que se está convirtiendo en una trampa para moscas. 
Dónde quedó ese apoyo que tenía y desapareció de repente, que escuchaba mis palabras y me daba consuelo fuese el momento que fuese. Eso ya no existe, eso se acabó.
Ahora escucho siempre y hablo poco, cada día menos ganas tengo de hablar aunque en el fondo grite porque alguien se muestre tan atento como lo soy yo ahora.
Estoy cansada de escuchar y te echo de menos, echo de menos tus oídos en mi lengua.
¿Por qué te alejaste de mi boca?, aún me lo pregunto mientras camino a la perdición.

domingo, 14 de abril de 2013

Bucle

Quiero llegar hasta allí, y no puedo.
No pensar que nunca llegaré aunque lo intente se me hace imposible,
y es justo el miedo al fracaso lo que hace que sea una fracasada.
Y esta maldición marchita todo lo bueno que poseo.
Me consumo en la desdicha y en las ataduras que no quieren deshacerse.
Intento olvidar, lo intento, y no puedo.
Intento el intento de intentarlo constantemente, y agota.
Y no puedo.
Puede que no quiera poder conseguirlo.
Puede que sepa que es mejor no intentarlo y por eso me alejo, me alejo hasta de mi misma.





sábado, 30 de marzo de 2013

Así es...


No viniste hacia mí como esperaba, 
como aquellos que se pararon  un tiempo en mi cama,
como siempre pensé que deberías haber llegado hasta mí.

No te pido nada. 
No te poseo.
Ya probé los castigos que cometen los ingenuos que tanto creen poseer.
Y no poseyéndote te siento mío.

Habrá un gran viaje que nos separa, 
tú allí entre la arena y la sal,
yo aquí de cabeza en los vientos del norte,
sintiéndote cada vez más cerca, acercándome más a ti, y sentirte.

miércoles, 30 de enero de 2013

Preguntas a las 6 de la mañana


¿Por qué siempre me querías tan desnuda que hasta las sábanas blancas se tornaban rosadas de tanto rubor?
¿Por qué tus manos siempre acababan en mis pechos?
¿Por qué siempre te gustaba mirarme cuando me quitaba la ropa sin caer en tu mirada?
¿Por qué siempre en tus ojos se leía la palabra fascinación?
¿Por qué después de odiar tantos años a mi cuerpo llegaste tú y me hiciste mirarme con otros ojos?
¿Por qué pienso en esto cuando debería estar estudiando?

Odio febrero

Esta es una de esas épocas en que la nostalgia te pisa para ser más protagonista que tu propia vida. Y te ves sacando las fotos empolvadas de tiempo y la música de cuando eras aún una cachorra dentro de la manada familiar. De cuando lo complicado es ahora un juego de niños y tenías la ciega esperanza en eso que ahora no das ni un duro. Te ves pensando en restarle unos años al calendario y escoger el 20 como tu número favorito. No sé quien me dijo que a partir de los 24 empezaba lo bueno, ya voy camino de los 25 y la cosa no mejora.

Victoria!

Y nos volvimos a ver. Tú con el mismo poder de atracción, yo con la modestia de siempre, rodeándome.
Te dije que me había vuelto a emparejar, con una sonrisa despampanante, y tú sucumbiste al hecho de que yo ahora era de otro.
Siempre tuve ese poder sobre ti, el de conseguirte cuando era más complicado conseguirme, cuando veías que era la razón de la felicidad de otro.
Pero no te dije que mentía, no pude. Me callé como una puta de esas que tanto te gustan.
No por no ver como tu interés desaparecía al saber que era más libre que una gacela en plena sabana si no por no sucumbir a la fuerza que siempre me ha llevado hasta tu sexo.
Así nunca más podrás tenerme al alcance de la mano y mi recuerdo no desaparecerá de tu colección de amores imposibles.
Porque ya se sabe que estos amores son los que no se olvidan.

Hay días

Hay días que me sorprendo olvidando las cosas que siempre fueron importantes en mi vida.
Olvidando o maquillando los recuerdos con capas y capas de pintura blanca.
Hay otros días que me miento diciéndome que nunca me quisiste.
Como si todos los momentos que pasé contigo fueran retazos de una vida que no me pertenece.
Los días van pasando, frenéticamente y se borra lo que una vez fui, lo que sentía.
Se borra la cocina donde fregaba los platos, y tú delincuente me bajabas la costura sin remilgos y te hundías conmigo entre el agua y la espuma del fregadero.
Son más los días en los que el espejo no me devuelve la mirada,  mi silueta se esfuma como el recuerdo de la tuya dibujada por mi boca.
Olvido que un día fui tuya, todas las veces que fui observada, obligándome a fumar un cigarro desnuda, a plena luz del día para quitarme los miedos y los complejos que guardaba en la penumbra.
Ya no sé si alguna vez volverá el querer a enamorarse de mí, a descubrir lo que un día tú viste. Si el corazón me dará una tregua y los pulmones se abrirán para recibir aire fresco, o si el estómago podrá relajarse ante el amor como cuando tú lo cogías.
Puede que un día mi risa enamore a unos oídos, mi cuerpo no avergüence a unos ojos que comparan a otro mejor que el mío y mi timidez sea comprendida por un alma con un temor tan grande como el que tengo.
Tal vez algún día, un día, pueda recordar que hay días en los que es posible sonreír de verdad.