Y nos volvimos a ver. Tú con el mismo poder de atracción, yo con la modestia de siempre, rodeándome.
Te dije que me había vuelto a emparejar, con una sonrisa despampanante, y tú sucumbiste al hecho de que yo ahora era de otro.
Siempre tuve ese poder sobre ti, el de conseguirte cuando era más complicado conseguirme, cuando veías que era la razón de la felicidad de otro.
Pero no te dije que mentía, no pude. Me callé como una puta de esas que tanto te gustan.
No por no ver como tu interés desaparecía al saber que era más libre que una gacela en plena sabana si no por no sucumbir a la fuerza que siempre me ha llevado hasta tu sexo.
Así nunca más podrás tenerme al alcance de la mano y mi recuerdo no desaparecerá de tu colección de amores imposibles.
Porque ya se sabe que estos amores son los que no se olvidan.
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