miércoles, 30 de enero de 2013

Hay días

Hay días que me sorprendo olvidando las cosas que siempre fueron importantes en mi vida.
Olvidando o maquillando los recuerdos con capas y capas de pintura blanca.
Hay otros días que me miento diciéndome que nunca me quisiste.
Como si todos los momentos que pasé contigo fueran retazos de una vida que no me pertenece.
Los días van pasando, frenéticamente y se borra lo que una vez fui, lo que sentía.
Se borra la cocina donde fregaba los platos, y tú delincuente me bajabas la costura sin remilgos y te hundías conmigo entre el agua y la espuma del fregadero.
Son más los días en los que el espejo no me devuelve la mirada,  mi silueta se esfuma como el recuerdo de la tuya dibujada por mi boca.
Olvido que un día fui tuya, todas las veces que fui observada, obligándome a fumar un cigarro desnuda, a plena luz del día para quitarme los miedos y los complejos que guardaba en la penumbra.
Ya no sé si alguna vez volverá el querer a enamorarse de mí, a descubrir lo que un día tú viste. Si el corazón me dará una tregua y los pulmones se abrirán para recibir aire fresco, o si el estómago podrá relajarse ante el amor como cuando tú lo cogías.
Puede que un día mi risa enamore a unos oídos, mi cuerpo no avergüence a unos ojos que comparan a otro mejor que el mío y mi timidez sea comprendida por un alma con un temor tan grande como el que tengo.
Tal vez algún día, un día, pueda recordar que hay días en los que es posible sonreír de verdad.

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