Quiero que te vayas del todo.
No recordar tu cara ni tu atención.
No te quiero de fantasma por mi imaginación, cantándome al oido tristes baladas de amor que reviven viejas historias.
Que me engañan cada día al despertarme.
No quiero tu sabor tras cada comida, ni tu silueta dibujándose con el humo de cada cigarrillo.
Aún así te apareces sin buscarlo y dejas mi casa patas arriba y mi mundo insignificante en tu ausencia.
martes, 27 de noviembre de 2012
Extraño visitante
domingo, 25 de noviembre de 2012
Esta noche...
Tengo miedo.
Un miedo en hibernación, pero muy latente.
Algún día volveré ante ti, me mirarás y sucumbiré.
Te oiré y querré follarte, como el siempre de hace tiempo.
Tengo miedo.
Un miedo a estancarme en el pasado,
como les sucede a otros.
Perderme en tu recuerdo y no levantarme.
Pero eso es sólo esta noche, mañana desaparecerá.
No soy tan débil.
Un miedo en hibernación, pero muy latente.
Algún día volveré ante ti, me mirarás y sucumbiré.
Te oiré y querré follarte, como el siempre de hace tiempo.
Tengo miedo.
Un miedo a estancarme en el pasado,
como les sucede a otros.
Perderme en tu recuerdo y no levantarme.
Pero eso es sólo esta noche, mañana desaparecerá.
No soy tan débil.
El instinto
¿Qué hacer cuando la mente te dice una cosa y tu cuerpo otra?
Si el corazón necesita aplacar la soledad, las manos tocar, los labios besar, la piel reclama calor y los ojos una mirada, lo único que se hace es dejarse llevar hasta que se consigue lo que el cuerpo te pide.
Pero la mente, ay qué cabrona!. Es demasiado lista.
La mente recuerda lo que el cuerpo recibió hace tiempo, lo verdadero, lo auténtico.
No se le puede engañar por mucho que uno se esfuerce, aunque tu cuerpo reclame a gritos máxima atención.
Ella en el fondo necesita lo que el cuerpo pero más profundo, una soledad que desaparece del todo, tocar en la ausencia la piel clandestina, besar el aire y encontrar destinatario, recrear el calor que se pierde, mirar a unos ojos que te miren con ganas. Sentir que hay otra mente que te recuerda, no por necesidad.
Hay que pensárselo muy bien antes de dejarse llevar y soltarse a cualquiera.
Si te dejas caer, asegura antes la caída.
jueves, 22 de noviembre de 2012
Esas mañanas desconcertantes...
Un día te levantas con el ansia de comerte el mundo, insisto, a todo el mundo.
miércoles, 21 de noviembre de 2012
Camino a la perdición.
Sentir la piel arder.
Reír las ganas contenidas.
Desfallecer en el colchón por puro vicio.
Vibrar las cuerdas de la lujuria.
Transportarse a otra dimensión.
Gemir el placer sin miramientos.
Volar a lo más alto del techo.
Estrellarse en el pecho que asoma.
Sucumbir sin pedir la vez.
Desvanecer el cuerpo y el alma.
Temblar con sólo rozarse. .
Mojar la sombra que dejó la ropa interior.
Lamer la desnudez.
Latir el sexo una y otra vez.
Follar con tiempo y con prisas.
Ahí mi perdición.
Latir el sexo una y otra vez.
Follar con tiempo y con prisas.
Ahí mi perdición.
miércoles, 7 de noviembre de 2012
Vaciar las maletas, por fin!
Abrazarte.
En este congelador humano que nos conserva los miembros.
Para mantener el calor que una vez construimos, para aplacar lo estático en la piel.
Da igual los cafés y las sopas de sobre.
Ni lo abrigos de paño ni el edredón te sustituyen.
Ni el licor más dulce ni las pequeñas hogueras que forman los pitillos en estas cuatro paredes.
No es justo que mi mente en los sueños retire las defensas que tanto costaron levantar.
Ni que el recuerdo de tu abrazo reanime lo bueno que es sentirse en casa de nuevo.
Un pequeño olor, tu olor atraviesa los conductos del razocinio, los recuerdos, la ropa y la insensatez.
Y me muero de ganas de decirte que hoy no he puesto barreras a mi sexo, que no llevo bragas.
Y voy por la vida buscando el momento para gritarte que me abraces de nuevo.
Y volver a casa, después del exilio.
En este congelador humano que nos conserva los miembros.
Para mantener el calor que una vez construimos, para aplacar lo estático en la piel.
Da igual los cafés y las sopas de sobre.
Ni lo abrigos de paño ni el edredón te sustituyen.
Ni el licor más dulce ni las pequeñas hogueras que forman los pitillos en estas cuatro paredes.
No es justo que mi mente en los sueños retire las defensas que tanto costaron levantar.
Ni que el recuerdo de tu abrazo reanime lo bueno que es sentirse en casa de nuevo.
Un pequeño olor, tu olor atraviesa los conductos del razocinio, los recuerdos, la ropa y la insensatez.
Y me muero de ganas de decirte que hoy no he puesto barreras a mi sexo, que no llevo bragas.
Y voy por la vida buscando el momento para gritarte que me abraces de nuevo.
Y volver a casa, después del exilio.
sábado, 3 de noviembre de 2012
Desconocido busca a la chica de los cascos de aviador
La noche, nos baña de casualidades.
Casualidades de tiempo, espacio y escena cómica.
Y tus ojos se posan entre los escalones de un tórrido bar por donde subo ausente.
Y me miras, tanto me miras que bajo mis ojos para aclarar la intensidad.
Me invitas a otras horas, más pornográficas y debo admitir que yo en lo sexual no me arriesgo demasiado.
Por eso marcho corriendo con tu beso entre mis labios y gritando lo fatal de aquel encuentro salivado.
Me sigues tentando, después de mi dramática huida.
Y te pongo Let's stay together como banda sonora predilecta, y me hace recordar, no sé el por qué que las corbatas son tu sello ante el público.
Y es extraño, nunca me gustaron las corbatas.
Casualidades de tiempo, espacio y escena cómica.
Y tus ojos se posan entre los escalones de un tórrido bar por donde subo ausente.
Y me miras, tanto me miras que bajo mis ojos para aclarar la intensidad.
Me invitas a otras horas, más pornográficas y debo admitir que yo en lo sexual no me arriesgo demasiado.
Por eso marcho corriendo con tu beso entre mis labios y gritando lo fatal de aquel encuentro salivado.
Me sigues tentando, después de mi dramática huida.
Y te pongo Let's stay together como banda sonora predilecta, y me hace recordar, no sé el por qué que las corbatas son tu sello ante el público.
Y es extraño, nunca me gustaron las corbatas.
Los hercios perdidos
Gritas, a media voz, con sordera para no tener que oirte.
Descalzando los sonidos entre los dientes que muestras demasiado a menudo.
Te tocas el ruido y la desesperación que invade tu cara.
Y en el espejo no ves reflejo alguno del grito que sueltas cada uno de los 365 días.
Debe ser soñado porque nadie se inmuta. O puede que no se te escuche o no se te oiga. Y sí, hay diferencia.
Podrás decir que abusas de los quejidos, de los resoplidos, de los aspavientos, de los suspiros.
Pero por mucho que insistas tu voz no traspasa los tímpanos de una sociedad que mira hacia otro lado, que se implanta una lista de reproducción diaria y hace de su vida la película más dulce, de esas que ni las más empalagosas podrán superar.
Y creo que nacemos sordos, muchos carecemos de uno de los sentidos, otros por desgracia lo adquirimos muy fino aunque nos falte el sentido perruno.
Sigue gritando por si acaso, puede que en el réquiem eterno el eco de tu voz llegue por defecto, y otros gritos acompañen al tuyo por las ondas sonoras del tiempo.
Descalzando los sonidos entre los dientes que muestras demasiado a menudo.
Te tocas el ruido y la desesperación que invade tu cara.
Y en el espejo no ves reflejo alguno del grito que sueltas cada uno de los 365 días.
Debe ser soñado porque nadie se inmuta. O puede que no se te escuche o no se te oiga. Y sí, hay diferencia.
Podrás decir que abusas de los quejidos, de los resoplidos, de los aspavientos, de los suspiros.
Pero por mucho que insistas tu voz no traspasa los tímpanos de una sociedad que mira hacia otro lado, que se implanta una lista de reproducción diaria y hace de su vida la película más dulce, de esas que ni las más empalagosas podrán superar.
Y creo que nacemos sordos, muchos carecemos de uno de los sentidos, otros por desgracia lo adquirimos muy fino aunque nos falte el sentido perruno.
Sigue gritando por si acaso, puede que en el réquiem eterno el eco de tu voz llegue por defecto, y otros gritos acompañen al tuyo por las ondas sonoras del tiempo.
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