lunes, 30 de abril de 2012
Derribada
Y que no me libro de que puertas blindadas se me caigan encima!!! Nunca las veo venir, no puedo esquivarlas. De pequeña casi me mata una puerta blindada del garaje de mi casa y desde entonces esto me sucede diariamente. Soy un imán para ellas y tampoco me dedico a observar constantemente mi alrededor. Tampoco recuerdo ese momento crucial en el que mi vida peligró, por eso no vislumbro los riegos hasta que no me la estoy quitado de encima.
Al final del día me veo cogiendo la maldita puerta que me aplasta con tanta fuerza como me es posible, lanzándola para alejarla de mí.
Y observando como se desarrolla el panorama sufriré este extraño suceso el resto de mi vida.
Así que ya me he puesto a entrenar con pesas en cada momento libre que tengo, para cargar con su peso lo mejor que pueda.
Cada uno carga con lo que puede y por lo visto yo puedo cargar como si costalero de Semana Santa fuese.
Ese es mi sino, cargar con desdichas.
Pues vaya gracia! Que idiotez más extrema me ha tocado padecer!
Al final cogeré la última puerta que se me pose y la llevaré a cuestas hasta el fin de mis días, por lo menos tendré algo a lo que agarrarme, y como escudo protector evitará que ninguna puerta más me derribe.
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