Los desprecios siempre los guardo en el estómago tras tragarlos.
Crean dentro de mí una masa uniforme de sentimientos frustrados.
Siempre acabo vomitándolo todo de la manera más inusual.
La única forma de aliviar el dolor que tengo es sacándolo por los ojos, hasta que por fin concilio un mal sueño por miedo a la deshidratación.
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