miércoles, 2 de mayo de 2012

Para bien y para mal

A ratos pienso en la forma en la que nos conocimos y enamoramos, sin quererlo, sin buscarlo. En lo que compartimos. Un amor TAN INTENSO que se transmitía en cada pequeña cosa que hacíamos... Las cenas y comidas. Los porros y cigarros que nos fumamos. El sexo, el cine, la música y las series que disfrutamos. Los apodos tan ingeniosos que nos poníamos cada uno y la amistad que forjamos a partir de aquel fantástico verano. Las largas horas al teléfono, cada día, cuando había distancia de por medio. Lo nerviosos que estábamos en cada nuevo reencuentro... Las eternas conversaciones hasta el amanecer, cara a cara, hablando de nuestros miedos, inquietudes, sueños y futuro juntos. Eso es de lo que más me acuerdo y lo que más echo en falta. Lo mucho que hablábamos sin buscar nada más que el apoyo y la atención del otro. El sonido de tu voz... Me invaden recuerdos que parecen tan recientes... de cómo me mirabas al vestirme y al desnudarme, al ducharnos siempre juntos, al cocinar... con una frase ingeniosa y chispeante que me hacía sonreír siempre o con una imitación que me dejaba loca. ¡Dios!¡Cómo me hacías reír!, hasta cuando me enfadaba. Tus eternas alabanzas a cada plato que cocinaba Y lo locos que nos quedamos el uno con el otro cuando descubrimos que ambos aplastamos los sandwiches hasta dejarlos como el papel de fumar. ¡Eso sí que fue todo un descubrimiento! Ahí supe que eras mi alma gemela y en parte por esa casualidad te quise mucho más de lo que ya te quería. Siempre te recordaré de esa forma, o no, porque tras esto me viene a la mente todo el daño que me causaste después. Tus traiciones y engaños, en lo mal que estabas de la cabeza y lo mal de la cabeza que me volví yo. En mis propias traiciones... Y desde hace tiempo pienso que el futuro no era nuestro, que lo que pasó no debería haber pasado y que hubiese sido mejor no habernos conocido tan profundamente como nos conocimos. No creo que se repita lo que viví contigo, lo grandioso. Y lo malo... espero que nunca se vuelva a repetir. Y estoy muy bien, mejor de lo que pensaba que estaría a estas alturas. Porque sé que no te necesito y que puedo avanzar por mí misma. De lo que me espera dentro de poco. Que puedo recordar y decir bien alto lo que viví junto a ti sin lastimarme lo más mínimo. Y sinceramente, no cambiaría lo que tengo hoy por lo que tuve ayer.

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