jueves, 28 de junio de 2012
Blanco y negro
La primera vez que te vi estabas tumbado en un paso de cebra. Pasé muy cerquita de tu cuerpo por pura curiosidad. Totalmente estirado mostrabas tu locura a los asustados caminantes que salían de domingo y muy convencida cambié mi rumbo, me dí la vuelta entera y me dirigí hacia tu complejo de asfalto. No me resistí demasiado, pasaron 3 segundos hasta que me miré tumbada compartiendo tu locura y sentí un gran alivio al haberme chocado con tu originalidad. Ni siquiera me miraste cuando estuve totalmente estirada y a escasos centímetros de tu alma, pero tu mano recorrió la pequeña distancia y fue a parar en mi pecho, subiendo y bajando de pura excitación. No recuerdo tu aspecto, sólo el estridente pitido que nos pilló de sorpresa, tú y yo levantándonos con demasiada prisa y el correr frenético que siguió después. No tuvimos tanta suerte cuando nuestras carreras salieron despedidas por callejuelas contrarias, ni llegamos a girar las cabezas a tiempo para poder recordarnos ahora. Y aún sigo escudriñando el asfalto y los pasos de cebra, por si acaso, no vaya a perderme tu exhibición en carretera.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario