Cada parte aguanta a la otra y se dejan pasar esos detallitos que acaban por joderlo todo.
Ya no sé si es porque esto será así toda la vida o porque me he acostumbrado a vivir en soledad.
Los motivos en las discusiones dan lo mismo, puede ser porque tu hermano es muy pesado o porque se te ha olvidado recoger dos migas de pan del suelo. Pero juntas el carácter propio y el de tu madre o padre y ya la hemos preparado.
Vivan los gritos y los reproches, cada uno saca la artillería más pesada que encuentra sin darse cuenta que una bobada acaba convirtiéndose en dolor. Y no quiero discutir gratuitamente, estoy quemada de tanta tontería e igualmente entro al trapo y acabo pringándome como la que más.
Pensándolo bien, en las próximas vacaciones no vuelvo.
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