Mi estómago se contrae, la angustia aflora y los recuerdos se me clavan en el alma.
No dura mucho tiempo, pero es la cruz que me impide ser feliz del todo.
Ya nada me llena por completo.
Se me ha roto el corazón y no hay pensamientos positivos que puedan tapar semejante estropicio.
Late dentro de mí llorando sangre por inercia. Llora y berrea a borbotones. Y a pesar de que por las noches lo saco para acunarlo, besarlo y tocarlo no hay manera de que se calle.
Da igual lo que ansíe porque no puedo dárselo, no puedo ni dármelo a mí misma.
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