Vigilo mi lengua. Contengo la mirada. Respiro hondo. Y parece que todo va mejor.
No se desata lo que guardo tan adentro, ni me arriesgo a romperme una vez más.
Pienso en el mar y miro a mi alrededor, y no es comparable.
Días llenos de espejismos y juegos que engañan al corazón. Saliva salada, arena en la piel.
Adecuada incertidumbre, labios sellados y un fuego que me es difícil contener.
Vigilo mi lengua. Contengo la mirada. Respiro hondo. Agua y sal por mis mejillas.
Solo queda resignarse y seguir. Sobre todo seguir.
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