Dos ojos miran una boca.
Observan de cerca y de lejos pero no aman.
No aman a la boca que besan cada noche.
No les interesan las palabras, ni un ápice. Es tan evidente su desinterés que la boca a la que besa permanece estática, seca, aburrida.
La boca echará de menos el calor, se lo tragará porque sus palabras no interesan, porque a los dos ojos sólo les importa no quedarse sólos con su propia mirada.
Y es triste, que la boca besada llore de impotencia. De que sus palabras no encuentren asilo, de que los dos ojos la miren sin amor.
He visto a la boca besando, dejando que la observen, probando suerte.
Soltando las palabras que otros ojos sí quieren.
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