Todo se transforma a nuestro alrededor.
Y nosotros con él.
A cada paso que damos nos transformamos.
Unas veces en seres celestiales, con una aura tan pura que ni los ángeles pueden hacernos competencia.
Otras en monstruos sanguinarios, lidiando con nosotros mismos para evitar acabar masacrando a quien pase a nuestro lado. Y a veces es imposible que corra la sangre.
Te verás a ti mismo tan estático otras, como un árbol muerto que deja de brotar.
Trasformarse en nada. Eso sí que aterra.
No hay comentarios:
Publicar un comentario