Pierdes los recuerdos como los filtros de los cigarrillos.
Caen al suelo sin darte cuenta y luego te extrañas de que no quede ni uno en la bolsa que llevas a todas partes.
Ay si los atases!
Te perderías todos los días entre ellos y sonreirías otra vez como lo hacías antaño.
Disfrutaría viendo tu boca carcajeando y correría hasta ti para que me absorviese tu risa.
Sacaría los míos y los metería en tu bolsa para jugar a montarlos uno encima del otro.
Y formaríamos un recuerdo propio que convertiría tu boca y la mía en una sola sonrisa, en una carcajada continua que nos tendría enganchados, como dos locos que recuerdan demasiado.
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