jueves, 31 de mayo de 2007

Canalla

Canalla mi habitación,
que comparte la cama en la que duermo
con grandes cantidades de polvo muerto,
infectado con segundos,
encontrados en el colchón.

Mis partes se restriegan,
tienen ganas de ensuciarse, de sexo,
de mezclarse con lo que cubre las sábanas,
con lo que posee el edredón.

Polvo acumulado,
un montón que tapa las vistas,
un montón que cuesta arrancar.
Incrustado en la tela, en la piel envejecida
causa del polvo que impide respirar.

Polvo que tapa más polvo,
más y más cada día,
y ya al final, cubierta la cama, cubierto hasta el techo
la ventana se abre y el aire, protagonista,
hace volar todo ese polvo, finalmente ceniza.

Sacude las sábanas, limpia cada esquina
hacer retroceder las agujas del reloj,
hasta el presente, hasta este día.
Canalla mi habitación, canalla yo.
Salgo por la puerta decidida a que el polvo
no caiga en la cama, aprovechar todo y nada
a que mi cuerpo no se haga ceniza.


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