martes, 29 de mayo de 2007

Observada

Un ojo me mira.
Lo noto, clavado en mí.
Hundido, quizás en mi asustado corazón, que late con fuerza
consciente de la presencia del celoso observador.
La angustia, el miedo, la desazón me invaden, lentamente.
¿Por qué a mí?
Frustración, ¡aléjate! ¡Te odio maldita!- me repito cada vez más alto.
Puede que intentando alertar al ojo que tanto mal me provoca.
No le importa. Sigue ahí, impasible, sin tan siquiera pestañear.
No permite que mi miedo le aplaque, y yo, desesperada me ahogo entre las lágrimas,
Único consuelo, único calmante de una batalla perdida.

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