El humo del cigarro dibuja tu cuerpo desnudo,
Oculto por las miles de mantas con las que quisiste jugar al escondite.
Tumultos de carne, tela y bello que se eriza al acercarme, al tocarte.
Mi cabello, moreno, te sigue, se pega a tu pecho, deseando que tus besos lo desenreden, lo peinen como cepillo en mano.
Tu voz me desarma, me eleva al techo, ensuciándolo.
No es único este momento. No eres eterna para mí, me dicen tus labios.
Ya lo sé, muchacho.
Sé que nuestros cuerpos juegan desnudos entre sentimientos confusos, primerizas sensaciones, experimentos, tú y yo, inexpertos.
Cadenas que se llegarán a quebrar, permitiendo que el fuego nos queme, que nuestra ansia nos gane.
Y de repente…
Me levanto, abro la puerta desnuda y me alejo hacia el mundo que abandoné.
¡Y ahora sé lo que quiero!
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