No me recuerdas, no me piensas.
Siempre sustituida, siempre la misma historia.
Atrapada en la simpleza con la que me ven tus ojos, condenada, repudiada.
Y ni mi cama, ni mis piernas, ni mi alma tiene poder suficiente para que me sigas.
Estúpida, cada día que pasa muestro más mi demencia.
No me piensas, no me miras, no me tocas, no me besas.
Puedo reclamarte con las formas más visibles, con las invisibles y puede que las más obvias.
Y te empeñas en mostrarme que no merezco nada tuyo, y la rabia me acecha, me mancha con veneno.
Siempre sustituida, siempre la misma historia.
Siempre tu no. Y yo pensándote demasiado, estúpida, condenada, repudiada, y sin reclamo.
No me olvidas porque no me recuerdas.
No me recuerdas, no me piensas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario