sábado, 22 de septiembre de 2012

Aferrados al pasado...

Puedes luchar cada día para que no termine, para que el recuerdo perdure y la ilusión te acaricie cada mañana al despertar.
Cambiar lo poco del futuro que consigues dominar. Reírte de los obstáculos y no darle importancia a lo que en el pasado te comía. Poder y conseguirlo a veces no van de la mano.
El cansancio te aplaca. Ese cansancio que produce el desinterés, la nostalgia.
Impides que el corazón evolucione y olvide una vez por todas un pasado amargo.
Esos espejismos pueden  llevarte a la confusión, al engaño de que lo anterior era lo mejor que tuviste, de que sólo eso te hará feliz.
No puedo impedir todas esas cosas, aunque lo desee. No puedo borrar un recuerdo que persigue un corazón dolorido. Y quiero.
Porque insistir sobre lo que ya murió es una continúa caída al vacío, una tortura innecesaria y un recuerdo constante de que no se puede revivir lo que ya pereció.
Así no se cambia, así no te permites ser feliz, aunque sea por un tiempo.

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