sábado, 22 de septiembre de 2012

Sonrisa amarga

Y lo reconozco, estar solo es una mierda. Una bien grande.
Despertarse en una cama deshabitada de otra alma te anula desde el principio, y es complicado sonreir de verdad.
Comerte a ti mismo cada día, vestirte sin una mirada, caminar por las calles sin nadie que te aferre.
Echo tanto de menos los besos sin palabras y las risas sin motivo...
Una pantalla encendida vigilada por dos, una salida urgente adulcorada con brebajes que despejan la lengua y sinceran el corazón.
Sentir calor en los momentos inapropiados y trasgredir el sexo.
Son muchos los meses que me aguanto sola, y eso pesa.

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