El correr trepidante se antoja a cada hora como el agua al caminante.
Correr bajo el agua, volando, en moto, en cometa, a pie por carretera.
El cuerpo pide carrera. La mente intenta alcanzarlo.
El tiempo, mezquino, aterra y aprieta. Invita a la mente a recorrerlo todo con ansia, por si no se llega.
Y el cuerpo consigue pararse, es lo único que detiene la huida. La mente detrás del tiempo, le reta.
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